Los pueblos antiguos esparcían mercurio en sus ciudades

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Un equipo de estudiosos descubrió altos escenarios de mercurio en el suelo de las ruinas mayas. ¿La explicación? Bastante antes de la llegada de los conquistadores españoles, esta civilización extendió el heavy metal por los suelos de sus centros urbanos.

En ciertos sitios, el nivel de este elemento tóxico es tan prominente que los científicos se ven forzados a emplear trajes particulares para eludir la polución.

«La polución por mercurio está generalmente en áreas urbanas y parques industriales hoy día», afirma Duncan Cook, geoarqueólogo de la Facultad Católica de Australia (ACU) y creador primordial de un producto sobre el encontronazo ambiental provocado por los mayas.

Con un conjunto de estudiosos estadounidense y Reino Unido, Cook examinó muestras de suelo de diez sitios arqueológicos del Periodo Tradicional de la civilización maya que tenían trazas de mercurio en su composición. Una comparación entre las muestras y el suelo cerca de los sitios arqueológicos mostró que siete de ellos tienen por lo menos un área con concentraciones de mercurio iguales o superiores a los escenarios de toxicidad modernos.

Mercurio en la historia humana

En su estado natural, el mercurio es un metal gris refulgente que se funde a una temperatura parcialmente baja, transformándose en un líquido espeso asimismo popular como mercurio.

Durante la narración de la raza humana, este elemento tuvo distintos usos culturales y también industriales. Una de sus formas mucho más reconocidas es el nitrato de mercurio, una substancia usada para endurecer el fieltro de los sombreros y que envenenó a incontables artesanos en el siglo XIX.

El cristal popularmente conocido como cinabrio (sulfuro de mercurio) asimismo fue muy empleado. Encontrado cerca de fuentes termales y sitios volcánicos activos, se ha empleado a lo largo de milenios como pigmento en proyectos artísticas.

Exhibe de cinabrio | Crédito: H. Zell, vía Wikimedia Commons.

Los Mayas y Mercurio

“Para los mayas, los elementos podían contener una fuerza espiritual llamada ch’ulel, que radicaba en la sangre”, afirma Nicholas Dunning, geoarqueólogo de la Facultad de Cincinnati. “Por ende, el cinabrio, gracias a su pigmentación roja refulgente, se consideraba una substancia sagrada, si bien era, sin que los mayas lo supiesen, un complejo mortal cuya presencia persiste en el suelo hasta hoy. »

Según estudios arqueológicos, el cinabrio ahora se extraía en América Central en el año 2000 aC, en el momento en que florecía la civilización olmeca.

Raramente, las únicas reservas naturales de cinabrio en el viejo territorio maya estaban cerca de los límites de su civilización y muy distanciadas de varios de los primordiales centros urbanos, lo que señala que este mineral fue transportado varios km antes de llegar a su destino final.

En extrañas oportunidades, los arqueólogos han encontrado mercurio en su forma pura, de forma frecuente asociado con entierros de élite y otros rituales mayas.

Aún no se conocen las secuelas que la utilización indiscriminado de mercurio provocó en la salud de los mayas, pero nuevos análisis detallan que el tóxico metal se ha infiltrado aun en los huesos de ciertos individuos de esta civilización.

Entre los últimos reyes de la región maya de Tikal, un rey cuyo nombre en inglés es negro sol («Black Sun»), era probablemente obeso, lo que podría ser un signo de patología metabólica final del intoxicación por mercurio.

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Tommy Banks
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