Hay bebés reborn en todas partes, pero la “fiebre” no es igual en todos los países. En algunos lugares son un pasatiempo discreto; en otros, ya han llegado a los tribunales y parlamentos. Y sí, el caso más explosivo de todos es Brasil.
¿Qué son exactamente los bebés reborn?
Son muñecos hiperrealistas, pintados y montados a mano, con venas, manchas, peso y hasta olor a recién nacido. Cuestan desde unos cientos hasta miles de euros, según el artista, los materiales y la personalización. A nivel mundial, el mercado renacido ya vale alrededor de 200 millones de dólares y sigue creciendo cada año, impulsado por los coleccionistas, las ventas online y el uso terapéutico.
Además de coleccionar, muchos se utilizan en contextos de duelo (padres que han perdido bebés), en hogares con personas con demencia o Alzheimer e incluso en clínicas de salud mental, como una forma de consuelo y reducción de la ansiedad.

Brasil: el epicentro de la fiebre (y la polémica)
Si hay un país donde las cosas han salido completamente de la burbuja es Brasil. Videos de “madres reborn” paseando muñecas en centros comerciales, simulando partos y acudiendo a urgencias se volvieron virales, al punto que el tema llegó a las asambleas legislativas estatales y al Congreso.
De ahí nacieron historias que parecen el guión de una serie:
Pareja en litigio que lucha en los tribunales por la “tutela” de un bebé reborn que generó dinero y publicidad en las redes sociales, según informó CNN Brasil.
Proyecto de ley federal para multar a quien utilice un reborn para saltarse colas u obtener beneficios reservados para quienes tienen bebés.
Al mismo tiempo, los concejos municipales discuten homenajes a artesanos renacidos y eventos de “madres muñecas” llenan los parques de São Paulo.
Resultado: En Brasil, los bebés reborn ya no son sólo un nicho para los coleccionistas. Se convirtieron en un debate nacional sobre límites, salud mental, religión, fraude e incluso las prioridades de los políticos.
Estados Unidos y Europa: más dinero, menos drama
Si miramos el lado puramente económico, la mayor parte del mercado de muñecas (que incluye reborns y otras categorías premium) sigue estando en América del Norte, seguida de Europa.

Aquí el fenómeno está más “institucionalizado”:
- Las tiendas especializadas y las grandes marcas (como Ashton-Drake o Paradise Galleries) dominan una parte del mercado.
- Las convenciones de Reborn en Estados Unidos reúnen a artistas, coleccionistas y terapeutas.
- En países como Reino Unido, Alemania o España hay comunidades activas, pero el tema rara vez llega al parlamento o aparece en los informativos.
La narrativa dominante en estos mercados es más “arte y terapia” y menos “escándalo”. Existen controversias específicas sobre la salud mental y el impacto en las personas vulnerables, pero no al nivel del choque cultural brasileño.
Asia y Medio Oriente: fascinación reciente y uso terapéutico
En regiones como Japón y Corea del Sur los reborns empiezan a ganar espacio como piezas artísticas y también en el contexto de la terapia, en un mercado ya muy acostumbrado al coleccionismo y a los personajes kawaii.
En Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, clínicas, tiendas y mercados promueven los reborns realistas como herramienta para afrontar la soledad, la ansiedad y el duelo, especialmente entre adultos y ancianos, algo reforzado por campañas que presentan a estos muñecos como “muñecos de terapia”.
Aquí la discusión es menos moralista y más centrada en la salud mental y el bienestar.
¿Y Portugal en medio de todo esto?
Aquí el fenómeno existe, pero es de nicho:
Algunos artistas portugueses y tiendas online venden bebés reborn.
Los grupos de Facebook e Instagram reúnen a los coleccionistas, pero con mucha menos dimensión y ruido que en Brasil.
Hasta el momento no hay proyectos de ley, debates animados en el espacio público ni casos judiciales en los medios de comunicación.
En términos simples: Portugal sigue la tendencia global, pero de “manera discreta”.
🔥 ¿Te resultó útil este artículo?
Sé el primero en votar 🙂

