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Por qué la banalización del término «ágil» puede ser perjudicial en el entorno empresarial

La agilidad con la que se desplaza el mercado pide que las organizaciones sean poco a poco más veloces en la distribución de bienes y prestaciones. En un ámbito de evolución tecnológica poco a poco más intensa, los negocios y proyectos tienen que transitar un sendero poco a poco más ágil, con la meta de conseguir desenlaces transformadores. Es en este contexto que la adopción de metodologías diligentes de administración fué ganando lote.

No obstante, si bien no se discute que su implementación es vital en la enorme mayoría de las organizaciones, el día de hoy hay un punto esencial de atención: el término acabó siendo, frecuentemente, banalizado e inclusive confundido con inmediatez. Según Carlos Baptista, experto en transformación digital, esta banalización, combinada con el prominente nivel de informalidad en la ejecución de la agilidad, puede producir lo opuesto de lo que se espera: desconfianza en su éxito.

Esto transporta a cuestiones como: ¿Es verdaderamente precisa la agilidad? ¿Puedo aplicarlo a todo?

“La contestación es sí, mientras que se tengan presente los principios mucho más básicos de las metodologías diligentes”

Datos recientes de una encuesta de Zendesk señalan que, más allá de que las compañías reconocen la relevancia de ser diligentes y anticiparse a las solicitudes de los clientes del servicio, solo el 9 % de los líderes empresariales y el 11 % de los gerentes y gestores prueban que tienen la capacidades de la agilidad precisa. En otras expresiones, a los ejecutivos, y consecuentemente a la organización en su grupo, de forma frecuente les resulta bien difícil determinar de qué forma comenzar su sendero hacia la agilidad.

Por otra parte, ahora está mucho más que claro que la aptitud de ser ágil tiene un encontronazo directo en el desempeño del equipo y de la empresa. Un nuevo ensayo de la asesora internacional McKinsey & Company, apunta que la agilidad optimización hasta en un 65% los requisitos escenciales como las relaciones con los clientes del servicio, las operaciones, el deber de los usados y la eficacia en su grupo, teniendo un encontronazo positivo aun en los desenlaces financieros. “Esto es, por el momento no es posible ignorar la agilidad o dejar de implementarla apropiadamente en la compañía”, resalta el experto.

Como resalta la autora Susanne Anjos Andrade (in memorian), en su último best-seller “El poder de la simplicidad en el planeta ágil”, la gente cambiaron, el planeta cambió, y esto pide que todos adoptemos una actitud -individual y colectiva- de transformación, que ha de ser incesante y madura. La transformación ágil es el “paso de página” de la empresa, pensada en la gente, y tiene como propósito predecir la distribución de valor, haciéndola incesante a un ritmo sostenible y valorando la transparencia, la adaptabilidad y la optimización continua. Esto quiere decir que la agilidad trasciende una fácil metodología, transformándose en una configuración cerebral o forma de pensar que busca dar desenlaces permanentes, apuntando a un fin mayor y común para todos.

Los métodos, liturgias, reglas, etcétera., prosiguen siendo esenciales, pero tienen que ir acompañados de la elasticidad que pide el planeta de hoy a fin de que resulte posible realizar estos principios.

Ahora se muestran ciertos avisos que tienen la posibilidad de ser la una gran diferencia para el éxito al adoptar la metodología ágil:

coche agilidad

No trivialices la agilidad. Empieza la transformación con actitud y novedosa forma de pensar. Sostenga su plan de optimización continua. Como escribió el enorme pensador Alvin Toffler: “los iletrados del siglo XXI no van a ser los que no sepan leer y redactar, sino más bien los que no sepan estudiar, desaprender y reaprender”. Sé siempre y en todo momento una versión beta de ti.

Lleve a cabo una «revisión» para entender los logros, los desenlaces y los artículos que logró y después una «retrospectiva» para entender lo que precisa regresar a estudiar y poner en acción. En contraste a la inmediatez, que no mide desenlaces, aplica estos conceptos diligentes en tu día a día, intentando encontrar dar valor de forma incesante y sustentable, sin producir gastes insignificantes.

Desarrolle su conocimiento de la metodología en grupo con el saber del accionar humano. Eso es pues, si el foco de la agilidad son la gente, este avance es vital.

adopción de modelos

No “copie” métodos o fórmulas triunfantes. Si la agilidad se enfoca en la gente y no hay 2 personas iguales, entonces no hay 2 organizaciones iguales. Si bastara con reproducir un modelo, todas y cada una de las organizaciones ahora serían diligentes. La implementación de la agilidad debe respetar el género de negocio, la civilización, el contexto, entre otros muchos componentes. Los principios y buenas prácticas han de ser analizados y amoldados a cada situación.

En vez de copiar, inspírate en buenas prácticas y casos de éxito, realizando siempre y en todo momento los cambios pertinentes.

transformación sostenible

Ciertas organizaciones forman a sus expertos en las metodologías y también imponen la transformación con foco en el cliente final, sin que los expertos entiendan verdaderamente el propósito y las virtudes. En otras expresiones, esta transformación no es sostenible. Además de esto, el cambio perenne debe empezar con la forma de pensar de adentro.

¿De qué manera puede una organización dar algo que no vive desde adentro? Para esto, promover espacios de discusión y optimización continua en todas y cada una de las áreas de la compañía. Utilizar los principios mucho más básicos de los primeros días de la agilidad, como el manifiesto ágil, a fin de que los expertos comprendan las virtudes del procedimiento.

La comunicación es fundamental

Promover la cercanía entre las diferentes áreas y escenarios de la organización. Un “pecado capital” de la transformación ágil es estimar almacenar “misterios” entre áreas. Este inconveniente se puede atenuar a través de la práctica de la administración visual, donde todos y cada uno de los expertos saben lo que pasa y tienen la posibilidad de ofrecer actualizaciones. Esta práctica no puede ponerse un límite a un área o nivel, debe cubrir a toda la organización. Si el profesional está en un nivel mucho más ejecutivo, debe ofrecer ejemplo y emprender el día a día para comprender de qué forma marcha este fluído. Si andas en escenarios menos ejecutivos, lo idóneo es facilitar la comunicación y no procurar probar tu dominio sobre la metodología. Traducir lo “técnico” a un lenguaje que el ejecutivo -de todas y cada una de las áreas- comprenda.

La agilidad logra predecir desenlaces y eludir el despilfarro de una manera parcialmente fácil, siempre y cuando se respeten sus conceptos mucho más básicos. El punto primordial es comprender que hablamos de una transformación incesante en pos de la optimización, una distribución mucho más asertiva y una manera de accionar mucho más sostenible.

Tommy Banks
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