Reseña de Drive My Car: sobre permitirte sentir tu dolor

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Conduce mi turismo No es una película simple. Y no solo por el hecho de que es intencionadamente extendida, con prácticamente tres horas de duración, sino contribuye una estética alejadísima de lo que nos encontramos familiarizados a conocer en el cine y, más que nada, pues transporta un pesado mensaje que no en todos los casos nos encontramos preparados. percibir y admitir.

Tanto es conque el largo viaje trata exactamente de eso: de un hombre que está perdido frente su mal y que trata de eludir el mal, aferrándose a una sombra del pasado y a la culpa por no tener que admitir sus sentimientos. Y no es moco de pavo confrontar a todo lo mencionado, como bien revela la crónica de Yusuke Kafuku (Hidetoshi Nishijima).

Y por más que estemos comentando de una situación tan universal como la negación del mal y la escapada de cualquier remanente de padecimiento, lo que hace tan atrayente la película de Ryusuke Hamaguchi es exactamente esa mirada mucho más oriental que contribuye a la manera en que intentamos estos sentimientos. .

La apertura que tuvo el cine asiático en los últimos tiempos en occidente nos permitió ver de qué manera estas otras etnias se combaten y tratan estos temas que son recurrentes a todos. Y eso es una parte de lo que hace Conduce mi turismo tan rico, en tanto que es esta mirada a nuestra sociedad de Japón y de qué manera lidia con estas conmuevas lo que provoca que el viaje de Yusuke y su bagaje sensible sean tan indigestos.

Dolores que no caben en un baúl

La crónica de Conduce mi turismo es parcialmente fácil. Yusuke es un actor y dramaturgo que pierde a su querida mujer una vez que ella padece una patología inmediata. Y esta pérdida inmediata deja un vacío no solo por la añoranza, sino más bien asimismo por la culpa y las inquietudes que él mismo tiene sobre lo que fue su relación, y esta mezcla de apego a los recuerdos con todos estos sentimientos que él mismo no comprende y que trata de ocultar bajo la alfombra que lo transforman en esta persona desengañada.

La relación de Yusuke con el coche va alén del apego material, sino más bien de los recuerdos que representa (Imagen: Disclosure/Bitters End)

Pero Yusuke acaba debiendo combatir todo este mal en el momento en que es invitado a formar parte en una adaptación de la obra Tío Vânia, del ruso Anton Chekhov, que era exactamente su papel en el instante de la pérdida de la mujer. Desde entonces, debe comunicar su vehículo con un joven conductor con el que comienza a abrirse y confrontar al planeta alén de su mal.

Y es aquí donde esta mirada de Japón sobre nuestra relación con nuestros sentimientos llama la atención y se distingue de lo que habitúa realizar el cine de Hollywood, comenzando por el ritmo. Ya que hablamos de una trama muy íntima, la película no posee temor de pisar el freno y adoptar un ritmo pausado a propósito para examinar todas y cada una de las conmuevas y hacernos conectar con Yusuke y todo el bagaje que transporta consigo a lo largo de años.

Un caso de muestra de o sea que la primera media hora de Conduce mi vehículo está absolutamente destinado a su prólogo solo a fin de que comprendamos la llegada del amor del personaje por su mujer, pese a sus defectos y también inconsistencias. Y esto se prolonga a otros instantes, en especial en la relación del personaje principal con su vehículo. Así, es posible que a muchas personas le parezca la película alargada e inclusive bien difícil de enfrentar, pero la verdad es que la marcha baja es mucho más que que se requiere para que tengamos la posibilidad zambullirnos en quién es Yusuke Kafuku.

Si bien bastante contenida, la entrada del joven Misaki provoca que Yusuke se enfrente a su mal (Imagen: Propaganda/Bitters End)

Y ahí es donde el vehículo juega un papel mucho más que esencial. Más allá de que tiene una participación bastante reservada en la historia misma, de manera simbólica es esencial para entender al personaje, puesto que hablamos de la representación de estos sentimientos interiorizados.

De forma muy directa, el vehículo materializa este apego que Yusuke tiene con el pasado. Es en este Saab 900 que escucha incesantemente la voz de su mujer declamando los versos del tÃo Vânia, prácticamente tal y como si fuera una manera de estar en contacto incesante con ella, llenando ese vacÃo que transporta consigo.

Es por tal razón que en un inicio se siente tan incómodo con tener a otra persona tras el volante, en tanto que Misaki Watari (Toko Miura) es un extraño que ocupa su planeta. No obstante, es esta intrusión la que le deja confrontar a verdades de las que pasó los últimos años huyendo, más allá de que todo lo mencionado se le echaba en cara hasta el punto de que él mismo las repetía como un mantra.

El artículo de Chéjov corre paralelo y absolutamente entrelazado con el mal del personaje principal (Imagen: Divulgación/Bitters End)

Eso es por el hecho de que tanto las líneas que Yusuke declama en el coche como el ensayo con el equipo de actores dialogan de forma directa con lo que siente el personaje principal, pero trata de sofocarlo. Son 2 historias que están inextricablemente conectadas, si bien Yusuke semeja inútil de caer en la cuenta. Más allá de que es popular por su adaptación de la obra de Chéjov, está tan concentrado en no sentir nada de su pena y mal que semeja haberse vuelto sueco a las expresiones que él mismo afirma.

Conque el auténtico viaje Conduce mi turismo es para el desarrollo de aceptación y liberación, de entender tus propias cicatrices y estudiar a vivir con ellas, y eso no en todos los casos es simple. Y la manera en que esto está construido en la pantalla, con toda la tranquilidad y la paciencia de todo el mundo a fin de que participemos pasito a pasito en este desarrollo es gratificante. Puedes sentir de qué manera se quita el peso de los hombros de Yusuke en el momento en que por último entiende el peso de las líneas que pasó años diciendo de forma robótica y hueca, en el momento en que admite que está bien padecer.

Los sentimientos están para sentirlos, por amargos que sean. Son, al final de cuenta, un viaje preciso.

Tommy Banks
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