Tecnología y Civilización – Parte II

Altavoz inteligente Echo Dot

Desde la visión de la predominación de la tecnología en nuestras vidas, y siguiendo el ensayo sobre el interrogante “¿De dónde vengo?”, pasamos en este momento a otro tradicional cuestionamiento de la presencia humana.

ACTO II – ¿Hacia dónde vamos? (La sección primera de este producto se puede localizar aquí)

Empezaremos con una pequeña historia que vi en alguna parte pero, como no recuerdo dónde, no puedo nombrar la fuente. Solo va a quedar la enseñanza.

Una vez, en cualquier casa, suena el teléfono y entre los pequeños se apura a responder en el momento en que es interrumpida por su madre:

“No respondas”, afirma la madre.

¿Un coleccionista? ¿La cuñada desganada? ¿Un apasionado, quizás? El niño está desconcertado, asombrado, sin comprender nada. El teléfono insiste, exactamente la misma la madre:

– Déjalo jugar hasta el momento en que se detenga.

Por último, el teléfono se rindió. Entonces la madre llamó al niño y le dio esta hermosa lección:

– Hijo mío, suena el teléfono pues ese es su trabajo. No debes responder solo pues sonó, y bastante menos correr hacia él. Eres tú quien debe supervisar el equipo que te circunda, no del revés..

Mamá sabia. Quizás se encontraba adelantando la relación de dependencia prácticamente narcótica entre los dueños de ciertos teléfonos celulares y las increibles apps que poseen (como discutimos en ¿Dónde se encuentra la generación Y?). Si deseas, haz la prueba: mira a tu alrededor y mira si la multitud no semeja considerarlo una auténtica obligación. ofrecer atención instantánea al silbato de WhatsApp, hasta el punto de sentirse intensamente incómodos en el momento en que no tienen la posibilidad de parar todo cuanto hacen para contestar al silbato (¿del dueño?). Kelly Key enseñó bien este tipo.

Y no pienses que estoy en oposición a la tecnología o la modernidad. Yo mismo tengo WhatsApp, créeme. A propósito, en el momento en que me uní a esta increíble herramienta gratis (que la multitud de manera rápida rebautizó como «zapzap» a fin de que sea mucho más simple redactar… ¡en zapzap mismo!), un amigo, asimismo descontento con la manera en que varias personas desatienden la vida real por el bien de tu artilugioBromeó conmigo insinuando que, desde ese instante, me transformaría en “uno”. Aquí está la diversión que logró en sus expresiones:

“Eso es todo, basta de charlar con la multitud […] en este momento sencillamente baja la cabeza y diviértete con la vida […] en este momento puedes ignorar las asambleas, la familia, los amigos”.

Tal como la madre sabia enseñó sobre el teléfono, lo mismo debe suceder con los silbatos de sus dueños (dueños de su tiempo, naturalmente). El inconveniente es que WhatsApp fue considerablemente más capaz en su misión de joder la calma de la multitud, ¿y sabes por qué razón? Con lo que afirmamos hace un instante: es gratuito. En el momento en que solo teníamos una llamada paga como medio de contacto, la multitud pensaba mejor en incordiar a sus compañeros, por el hecho de que valor de molestia. El valor, entonces, actuó como secretario (defensa) y también impidió que te va a llegar alguna injerencia. Pero, dejando de valer, dejó de proteger. En este momento todo llega y, si no estableces una política clara con tus contactos, aparte de quedarte estupefacto frente a la multitud de mensajes impresionantemente inútiles, prosigues pareciendo maleducado o malhumorado si no respondes a ninguno de ellos. .

Y, de a poco, somos de esta manera, como sugirió mi amigo: sin charlar con la multitud (sin siquiera mirarla), solo con la cabeza baja viendo el teléfono capaz, ignorando a la multitud que nos circunda. Vamos, como comentamos en OVERGADGETED, a vivir la segunda vida tal y como si fuera el primero y con eso, nos encontramos evolucionando nuestra civilización mientras que descuidamos nuestra civilidad.

La tecnología debería asistirnos, sí, pero ¿contribuir a qué precisamente? ¿A dónde vamos?

El golpe final a esta maligna estrategia de la app es que antes, si sonaba el teléfono en tu casa y no estabas allí, no contestabas. En verdad, no me enteraría de que alguien había llamado y, por ende, tampoco padecería. No estaría ansioso por no poder devolver una llamada que no sabía que existía y, viviendo de esa forma, no precisaba tomar Ritalin.

Pero en este momento tu casa va contigo a todas y cada una partes, y con eso has perdido la paz. No me percaté, pero me perdí. Y no se percató de por qué razón piensa que puede efectuar múltiples tareas y no ve de qué manera el silbido recurrente de sus contactos Kelly interfiere en su desempeño (como asimismo discutimos en un producto previo, la multitarea no existe). Por todo ello, sin comprender la razón, padeces. Y padeces por nada, padeces como un imbécil, pues el padecimiento fue, si prestas mucha atención, provocado por ti.

–Álvaro, esto no semeja una “reflexión filosófica de principio de año”. Semeja mucho más una condena a los ultraconectados…

Deja de preocuparte. Aproveché la posibilidad para dejar salir algo de mi angustia. Sigamos.

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En estos días, vi a un niño pegando reiteradamente a un gato. Y en el final del producto no vas a estar triste por el gato, sino más bien por el niño. En verdad, no era un gato, puesto que el niño no le haría eso a una mascota real, pero no por lástima; es que ya que los pequeños hoy día no dejan sus tabletas, pienso que ciertos jamás vieron un gato real en sus vidas.

¿O piensas que estoy exagerando?

– Meditar.

Ya que examina si verdaderamente la sociedad de la cual formamos parte no está en inconvenientes tras saber este siguiente apunte (una historia real, de esas cuya fuente ignoro, pero que es verdadera por la fe que depositas en el columnista): un niño de siete años niño de São Paulo no sabía lo que era un pollo. Ella jamás lo había visto, no sabía que era un animal, y bastante menos que nos servía de alimento (naturalmente, esto sucedió antes del éxito rotundo de “A Galinha Pintadinha”, o la historia indudablemente sería diferente).

Alguien, desconcertado, preguntó si el niño jamás había comido pollo. Ella mencionó que sí. Aún mucho más desconcertado, el tipo le preguntó al niño: ¿pero de dónde viene el pollo que comes? Y ella respondió, rápidamente: ¡del autoservicio! Puedes observar que, en la era de la información, un niño lleno de sinapsis y habitante en la metrópolis mucho más grande de América Latina considera que el pollo es sencillamente un producto industrializado que compras en el autoservicio.

¿Progenitores presentes? Shirrion. ¿Escuela aceptable? Shirrion. Iletrados funcionales: ¡Shirrin!

Pero, volviendo a nuestro gato tras esta digresión, describamos la escena. Armada con una aplicación, la pequeña (asimismo de siete años, pero esta, por lo menos, sabía lo que era una gallina), logrando llevar a cabo múltiples cosas con el gato que aparecía en su tablet -acariciar, picar, acariciar- se encontraba ocupada. con palmadas en el coño y reír toda vez que chillaba de mal.

Le pregunté cuál era el propósito de la app y me contó las 400 cosas que podrías llevar a cabo con el gato. Pero como ella proseguía golpeándolo, y él chillando, le pregunté por qué razón terminaba de realizar eso. Y ella ha dicho, sencillamente: «pues mola verlo vocear».

Dios no lo desee, gente. Esto es casi un O Albergue – Edición Felinos. Y lo malo es que la madre está junta y no afirma nada, quizás por el hecho de que está ocupadísima con su zapzap…

Sé que es únicamente una pequeña y ella solo jugaba (?), Pero tengamos en cuenta que es una pequeña Este Dia. Mañana va a ser un adulto, quizás un padre adulto, un marido adulto, quizás un adulto con un arma. Vas a saber qué, en el fondo de su inconsciente, fruto de sus experiencias infantiles, esa persona considerará acertado llevar a cabo con el resto Tizens.

Y de este modo concluimos nuestra reflexión filosófica de fin de curso, singularmente apuntada a quienes, en TI, estamos trabajando como programadores. Lo que desarrollas es lo que la sociedad consume, convirtiendo nuestros hábitos, nuestra rutina, nuestra vida. Por consiguiente, antes de arrancar un nuevo emprendimiento de avance, asegúrese de cuáles tienen la posibilidad de ser los propósitos, las ventajas y, más que nada, las secuelas.

Lo que nos encontramos creando podría ser la contestación a «¿Adónde vamos?» y, a cargo de los programadores, tienen la posibilidad de estar a cargo de los programadores los moldes para la generación que, en unas escasas décadas, dominará el planeta.

Piense en eso.

Tommy Banks
Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

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