Hay historias en el mercado de las telecomunicaciones que parecen bromas, pero terminan sin tener ninguna gracia. Este es uno de ellos. un lector de Fuga.pt Se incorporó a DIGI el mismo día que recibió el SMS de que ya tenía cobertura, y al menos inicialmente, ¡todo estaba bien! Contrato realizado, datos enviados, ganas de escapar del NOS 59 € y finalmente pasar a un servicio más justo.
El problema comenzó durante la instalación.

El equipo de DIGI se presentó, vio el poste que abastece la casa… y se negó a instalarlo. ¿Razón? No están autorizados a utilizar el poste, que pertenece a PT/MEO. Algo muy curioso, porque el poste en cuestión se encuentra dentro de la propiedad del cliente.
Sí, has leído bien. Hay un poste de PT dentro de su terreno, pero DIGI no puede tocarlo porque el operador propietario de la infraestructura no autoriza el tendido del cable. ¿Resultado? El cliente tiene fibra “disponible”, recibe un SMS de DIGI confirmándolo, pero se queda sin servicio porque el acceso al poste está bloqueado por la burocracia.
ANACOM al ruido… Pero no sucede de la noche a la mañana.
Según el lector, la propia DIGI confirmó que solicitó autorización a ANACOM para utilizar el poste. De hecho, el operador también le pidió que enviara la misma solicitud de forma independiente, con la dirección y el número de polo.
El lector envió el correo electrónico a ANACOM el 14 de noviembre. ¿Hasta hoy? Nada. Respuesta cero. La situación sigue estancada y nadie avanza.
Sin embargo, la frustración es tan grande que el lector se plantea tomar otro camino. Exigir formalmente que retiren el poste del terreno si continúan bloqueándolo. Y, sinceramente, ¿quién puede culparlo?
Un retrato perfecto del mercado portugués. ¡No es fácil!
Este caso muestra claramente lo que sucede cuando un nuevo operador intenta ingresar a un mercado donde otros controlan la infraestructura. Incluso cuando existe buena voluntad por parte del cliente y de DIGI, la instalación puede ser rehén de decisiones que no tienen ningún sentido.

