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Sin duda, el clima global está enviando señales de alarma rojas. De hecho, el año 2026 ya está marcado por sequías extremas, olas de calor mortales y una creciente crisis climática de refugiados, resultado de décadas de negligencia. Sin embargo, la situación está a punto de empeorar drásticamente. Los climatólogos advierten de una probabilidad del 70% de que se desarrolle el fenómeno de El Niño el próximo mes de junio. En este escenario, las previsiones apuntan a un evento de tal magnitud que podría ofrecer una visión aterradora de cómo será el mundo dentro de diez años.
El Niño de 2026: el mayor en más de un siglo
Aparentemente, este no será un El Niño cualquiera. Múltiples modelos climáticos, por tercer mes consecutivo, predicen un El Niño “monstruoso”, con potencial de superar los récords históricos establecidos en 1877. Así que prepárense para temperaturas récord, sequías prolongadas, humedad asfixiante e inundaciones catastróficas a escala global.
Paul Roundy, profesor de ciencias atmosféricas de la Universidad de Albany, reforzó la advertencia en la red social X (antes Twitter). En él afirmó que “está claramente creciendo la confianza en que este podría ser el mayor episodio de El Niño desde la década de 1870”. Por tanto, la humanidad se prepara para afrontar una prueba sin precedentes, no sólo para los instrumentos meteorológicos, sino también para los sistemas de gobernanza global.
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Lecciones trágicas de la historia y el impacto político
Naturalmente, mirar al pasado ayuda a comprender la magnitud del peligro. Durante el fenómeno extremo de El Niño de 1877, las inundaciones, las sequías y las olas de calor no fueron sólo fenómenos meteorológicos aislados; tuvo consecuencias sociales duraderas y devastadoras. Los sistemas de gobernanza de la época demostraron ser incapaces de responder a los desafíos, lo que provocó hambrunas que se cobraron decenas de millones de vidas en India, China, Egipto y Brasil. A estas catástrofes les siguieron epidemias devastadoras que afectaron desproporcionadamente a las poblaciones más pobres del mundo.
Al mismo tiempo, es imposible predecir exactamente cómo los sistemas políticos y económicos globales actuales enfrentarán el estrés de El Niño. Como señala el columnista del New York Times David Wallace-Wells: “Lo que viene después, como siempre, será tanto una cuestión de economía política como de clima”. Los países que han invertido en independencia energética y alimentaria, como China, pueden resistirla mejor que naciones como India, que han demostrado ser extremadamente vulnerables a pequeñas interrupciones en la cadena mundial de suministro de alimentos debido al aumento de las temperaturas.

¿Y qué significa esto para nosotros en Portugal?
Es crucial que entendamos que este fenómeno global tendrá repercusiones directas e indirectas en nuestro país. Por lo tanto, aunque El Niño tendrá sus efectos más dramáticos en el Pacífico, sus ondas de choque se sentirán en todas partes:
Empeoramiento de la sequía y el calor: Portugal ya enfrenta serios desafíos con la gestión del agua. El Niño puede intensificar las condiciones secas y empeorar las olas de calor durante el verano. Esto aumenta el riesgo de incendios forestales y ejerce presión sobre la agricultura y los recursos hídricos.
Inestabilidad de precios: Dado que las sequías e inundaciones devastan grandes regiones agrícolas del mundo (como Asia o América), es inevitable que haya disminuciones en la producción de alimentos esenciales (cereales, arroz, soja). Por tanto, esto provocará un aumento de los precios de los alimentos en los mercados internacionales, lo que se traducirá en un aumento de la inflación y del coste de vida de las familias portuguesas.
Presión sobre el transporte y la energía: Si los principales ríos europeos o las rutas marítimas internacionales se ven interrumpidos debido a sequías (bajos niveles de agua que impiden la navegación) o tormentas extremas, los costos de transporte de bienes y energía (combustible, gas) podrían aumentar, afectando a la economía nacional.
El Niño de 2026 no es un problema lejano; Es una amenaza real que requiere preparación y adaptación a todos los niveles.

