¿Recuerdas el gran apagón de abril? Fueron casi 12 horas sin electricidad en gran parte de Portugal y España. En ese momento, el calor ayudó: ventanas abiertas, luz natural, gente en los balcones hablando, velas encendidas con cierto encanto improvisado. Casi parecía una pausa forzada en el ritmo frenético de la vida moderna. Pero… ¿y si el próximo apagón ocurre en invierno? Porque si eso sucede, la historia será muy distinta y mucho más peligrosa.
En verano fue sólo un susto. Un apagón invernal puede ser un desastre.
En abril las temperaturas fueron suaves. La mayoría de la gente sobrevivió al apagón con paciencia y algo de creatividad. Pero imaginemos el mismo escenario en diciembre, con 4°C afuera. Casas sin calefacción, refrigeradores apagados, agua caliente sin funcionar y familias enteras tratando de descubrir cómo mantenerse calientes en la oscuridad.


¿Qué pasa si el apagón dura 10 o 12 horas? Basta pensar en los ancianos que viven solos, los bebés, las personas que dependen de equipos eléctricos para sobrevivir. Nadie habla de ello, pero un apagón en invierno puede costar vidas.
La dependencia eléctrica es mayor de lo que imaginamos
Hoy en día, prácticamente todo lo que hacemos depende de la electricidad. La calefacción, el frigorífico, la cocina eléctrica, el cargador del móvil, el router wifi, el transporte, hasta las máquinas del hospital. Un simple corte masivo de electricidad puede dejar ciudades enteras paralizadas, sin semáforos, sin comunicaciones, sin transporte. ¿Y lo peor? Cuando hace frío, el tiempo juega en nuestra contra.
Las baterías se descargan más rápido, los alimentos se estropean más rápido cuando se congelan y descongelan nuevamente y el cuerpo pierde calor mucho más fácilmente. Un simple apagón de 12 horas en verano es un revés. Pero el mismo apagón, en enero, es una emergencia nacional.
¿Y si vuelve a pasar?
Red Eléctrica ha advertido recientemente del riesgo de un nuevo apagón en toda la Península Ibérica. Las causas son varias: elevado consumo, menor producción renovable, problemas con las interconexiones europeas e inestabilidad en las redes. En otras palabras, el riesgo es real y podría volver a ocurrir cuando llegue el frío.
Y el problema es que nadie parece estar realmente preparado. Las casas portuguesas son conocidas por ser frías en invierno, muchas de ellas sin aislamiento, calefacción central y ventanas viejas. Un apagón en estas condiciones puede convertir cualquier hogar en un frigorífico en pocas horas.


Cómo prepararse (antes de que sea demasiado tarde)
No es alarmismo, es prudencia. Aquí hay algunas medidas simples que pueden marcar la diferencia:
Tenga a mano mantas y mantas. El cuerpo pierde calor muy rápidamente en ambientes fríos y húmedos.
Carga baterías externas y linternas. Cuando se corta la luz, tu teléfono celular es tu conexión con el mundo.
Guarde velas y cerillas en un lugar seguro. Puede parecer anticuado, pero son imprescindibles.
Evite abrir el frigorífico y el congelador. Mantiene la temperatura interna tanto como sea posible.
Conozca las salidas de emergencia de su edificio. En caso de un corte de energía, los ascensores y las luces de las escaleras pueden fallar.
Sin embargo, un pequeño gesto hoy puede evitar un gran susto mañana.
Al final, lo que quedó del último apagón
Cuando ocurrió el apagón de abril muchos se rieron, otros se desesperaron, pero en el fondo todos pensaron que era “cosa de un día”. Sin embargo, el problema es que se acerca el invierno y un nuevo apagón podría ser todo menos temporal. Portugal tiene que prepararse y nosotros también. Porque si las luces se apagan la próxima vez, tal vez no sea sólo un revés… sino el comienzo de un largo y frío silencio.

