Después de otra operación especial marcada por un gran número de vehículos en las carreteras portuguesas, el Gobierno quiere reforzar la represión contra los conductores. Es decir, la idea pasa por aumentar las multas por exceso de velocidad, alcohol y maniobras peligrosas, al tiempo que se plantea poner fin a la difusión temprana de operativos STOP y radares fijos.
Más multas y menos amonestaciones

Al parecer, el plan es sencillo. Hacer que la inspección sea más impredecible y castigar más severamente los comportamientos que parecen más vinculados a accidentes graves.
En otras palabras, cualquiera que acelere demasiado, conduzca con demasiado alcohol en la sangre o juegue en la carretera podría terminar pagando aún más. Al mismo tiempo, el Gobierno quiere poner fin a una práctica que se ha vuelto casi común: las advertencias anticipadas de operaciones STOP en las redes sociales y en las comunicaciones oficiales.
La lógica es fácil de entender. Si todo el mundo sabe dónde está la inspección, ésta pierde la mitad de su efecto.
A Portugal le encanta reaccionar tras la tragedia
Esta discusión tomó fuerza luego de la Operación Semana Santa, que volvió a mostrar un escenario preocupante en las carreteras nacionales. El número de muertos fue demasiado alto y esto volvió a poner el tema sobre la mesa.
Pero también vale la pena decirlo directamente. En Portugal nos gusta mucho hablar seriamente sobre seguridad vial después de que las cifras aparecen en las noticias. Antes de eso, todo está más o menos inactivo.
De hecho, es muy probable que toda esta conversación no salga adelante, especialmente en el ámbito de las apps que notifican la parada de operaciones. Después de todo… ¿Cómo se puede detener eso?
¿Es suficiente aumentar las multas?
Aquí hay dos conversaciones diferentes y ambas son válidas. La primera es que las multas más elevadas pueden tener su efecto. Máxime cuando hablamos de exceso de velocidad, alcohol y conducción peligrosa, que siguen siendo tres clásicos de la estupidez al volante, a pesar de seguir siendo muy comunes.
Pero la segunda conversación también importa. El aumento de las multas por sí solo no resuelve el problema. Si la cultura de conducción sigue siendo la misma, el resultado nunca será milagroso.
En otras palabras, puede ayudar. Pero no vale la pena vender esto como una solución mágica.
El Gobierno quiere actuar. Ahora necesitamos mostrar resultados.
Algunas de estas medidas encajan en la Estrategia Nacional de Seguridad Vial y tienen sentido sobre el papel. El problema es que, en Portugal, hay muchas cosas que tienen sentido sobre el papel. Lo difícil es transformar esto en un cambio real en el comportamiento de los conductores y en menos muertes en carretera.
En definitiva… ¿Cuál es la verdadera solución?

