Te pones protector solar, pasas el día en la playa y aún así vuelves a casa quemado porque tu piel quedó desprotegida. ¿Cómo es posible? Casi siempre no es culpa de la crema. Así es como lo usas. Hay un conjunto de errores tan comunes que prácticamente todo el mundo comete al menos uno, y cualquiera de ellos deja tu piel mucho más expuesta de lo que crees.
Protector solar: los errores que dejan tu piel desprotegida sin que te des cuenta
El error número uno es la cantidad. La mayoría de las personas aplican mucho menos protector del que deberían para todo el cuerpo de un adulto, la recomendación ronda el equivalente a seis cucharaditas. Aplicar una capa fina reduce drásticamente la protección real, incluso si el paquete dice SPF 50. Segundo error: no volver a aplicar. El protector no dura todo el día. Hay que volver a ponérselo cada dos horas, y siempre después de mojarte o secarte con una toalla, aunque diga “resistente al agua” no es lo mismo resistente que impermeable.

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Luego está el momento. Aplicar la crema en la playa, con el sol brillando, es demasiado tarde. Debes ponértelo unos 15 a 30 minutos antes de salir de casa, para que tu piel pueda absorberlo. Y están las zonas olvidadas, que son siempre las mismas y las que más arden: orejas, cuello, empeines, parte posterior de las rodillas y el cuero cabelludo de los que tienen el pelo más fino. Los labios también lo necesitan. Entonces usa un palo con protección.
Un error que muchas personas desconocen tiene que ver con la validez
El protector solar pierde eficacia con el tiempo y, sobre todo, si se deja al calor. Esa botella del verano pasado que pasó meses en tu bolso de playa al sol puede que ya no te proteja como debería. Comprueba la fecha de caducidad y el símbolo que indica los meses de uso después de abrirla, y no temas tirar la nata vieja cocida al calor.

Finalmente, dos mitos que conviene disipar. Estar en la sombra no te exime de ser protector. Entonces la radiación se refleja en la arena, el agua y el suelo y te golpea de todos modos. Y los días nublados no son seguros: las nubes dejan pasar gran parte de los rayos ultravioleta, y muchas de las peores quemaduras ocurren precisamente en días en los que no parecía que hubiera “tanto sol”.
Usar protector solar no se trata sólo de ponerse crema. Se trata de poner lo suficiente, en el momento adecuado, en todas partes, y devolverlo. Hazlo bien y salva tu piel no sólo del dolor de una quemadura, sino de los graves riesgos que trae a largo plazo la exposición solar acumulada.

