Probablemente recuerdes el año 2022, cuando la NASA estrelló deliberadamente una nave espacial contra un asteroide para probar nuestras capacidades de defensa planetaria. En ese momento supimos que la misión DART (Double Asteroid Redirection Test) había tenido un éxito rotundo al acortar la órbita del pequeño Dimorphos alrededor de su compañero más grande, Didymos, en unos 33 minutos. Sin embargo, nuevos datos científicos revelados ahora, en marzo de 2026, muestran algo aún más histórico: el impacto no sólo cambió la relación entre los dos asteroides, sino que cambió la trayectoria de todo el sistema alrededor del Sol. Por primera vez en la historia de la humanidad, cambiamos la órbita de una estrella.
Cambiamos la órbita de una estrella: cómo un golpe lo cambió todo
En primer lugar, resulta fascinante comprender cómo se produjo esta desviación. Cuando la nave espacial DART chocó contra Dimorphos, no solo le dio un “empujón”. La colisión lanzó una enorme nube de escombros al espacio. En consecuencia, este material expulsado actuó como un motor de cohete improvisado, creando un efecto de retroceso que transfirió impulso al sistema binario.
Además, un equipo dirigido por el ingeniero aeroespacial Rahil Makadia analizó miles de mediciones terrestres y espaciales en los últimos años. Los resultados confirman que la velocidad orbital del sistema Didymos-Dimorphos se redujo en aproximadamente 11,7 micrómetros por segundo.

Pequeñas cifras con enormes impactos
Si bien 42 milímetros por hora (aproximadamente el ancho de un Apple Watch) parece un cambio insignificante, en el vacío del espacio los números se acumulan rápidamente.
Por tanto, si detectamos un asteroide peligroso con años o décadas de antelación, este pequeño “toque” es más que suficiente para asegurar que pasa a una distancia segura de la Tierra.
El futuro de la defensa planetaria
Ciertamente el trabajo aún no ha terminado. La Agencia Espacial Europea (ESA) ya tiene en marcha la misión Hera, que debería llegar al sistema a finales de esta década. El objetivo es estudiar de cerca el cráter dejado por DART y medir la masa y estructura de los asteroides con absoluta precisión.

Además, esta proeza técnica demuestra que ya contamos con la tecnología necesaria para evitar una catástrofe similar a la que acabó con los dinosaurios. Al demostrar que podemos cambiar la órbita heliocéntrica de un cuerpo celeste, hemos dado un paso de gigante hacia la protección de nuestro futuro.
En definitiva, dejamos de ser meros observadores pasivos del sistema solar y nos convertimos en agentes capaces de moldear su movimiento. Es un hito extraordinario para la ciencia y para la seguridad de todos nosotros.


