En el apogeo del calor, pocos gestos parecen tan satisfactorios como abrir una botella de agua fría y beber de uno que traigo. La sensación inmediata de frescura da la ilusión de alivio … pero lo que muchos no saben es que este hábito puede estar causando más problemas que beneficios para su cuerpo.
El choque térmico interno al beber agua muy fría
Cuando los comedores de agua muy fría, especialmente en grandes cantidades y rápidamente, el cuerpo sufre un choque térmico interno. El estómago y el esófago, cuando contactan al líquido frío, se contraen repentinamente. Esta reacción puede causar dolor abdominal, mala digestión e incluso espasmos musculares.
En casos más extremos, ha habido informes de personas que se sintieron débiles o mareadas poco después de beber agua demasiado fría, especialmente cuando estaban muy calientes después del esfuerzo físico.


La falsa sensación de hidratación
El agua fría incluso puede sedimentarse momentáneamente, pero no hidratan el cuerpo de manera tan efectiva como el agua dulce (a temperatura ambiente o ligeramente fría). El cuerpo necesita gastar energía adicional para calentar el agua ingerida a su temperatura interna, lo que retrasa el proceso de absorción y puede dar la ilusión de que tiene suficiente bebida … cuando aún no está hidratado.
El riesgo de la garganta
Beber en exceso de agua helada también puede irritar la mucosa de la garganta, haciéndola más vulnerable a la inflamación o las infecciones. No es el mito: muchas personas asocian bebidas heladas con dolor de garganta, y la ciencia confirma que la exposición repentina al frío puede reducir temporalmente la defensa local del tracto respiratorio.
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Durante las comidas: aún peor
Si generalmente acompaña a las comidas con agua muy fría, tenga cuidado. El frío puede solidificar grasas y aceites en el estómago, lo que dificulta la digestión. Esto aumenta la sensación de infarto y puede causar acidez estomacal y reflujo en aquellos que ya tienden a problemas gástricos.
Para los que hacen ejercicio
Sin embargo, después de un entrenamiento intenso o largas caminatas por calor, beber agua demasiado fría puede ser aún más riesgoso. Por lo tanto, el contraste repentino entre la alta temperatura corporal y el agua fría puede causar dolores de cabeza repentinos (la famosa congelación del cerebro), calambres estomacales e incluso desequilibrios de la presión arterial.
El ideal? Agua fresca, no fría. Entre 12 y 15 ° C. Esta pista se actualiza e hidrata sin causar choques internos.


La alternativa saludable
Siempre mantiene una botella de agua a temperatura ambiente.
Si desea un poco más de frescura, agregue pequeños cubitos de hielo en lugar de llenar el vaso.
Por otro lado, las bebidas como infusiones de hierbas frías (sin azúcar) pueden ser una forma saludable y refrescante de variar.
En verano, la sede puede llevarte a exagerar en el hielo. Pero la verdad es que el agua muy fría no es la mejor opción para su cuerpo. La frescura momentánea puede ocultar riesgos para la digestión, la garganta e incluso el corazón. La próxima vez que esté transpirando y soñando con un hielo lleno de hielo, le recuerde esto: su cuerpo prefiere agua fresca y no frenina.


