
PARA ENTRAR
1. Haz sólo viajes muy cortos
Uno de los hábitos más nocivos es utilizar el coche casi exclusivamente para desplazamientos de pocos minutos. Cada arranque requiere energía de la batería, pero es posible que un viaje corto no le dé al sistema de carga suficiente tiempo para recuperar esa energía. Si el ciclo se repite diariamente, la batería puede permanecer en un nivel de carga reducido y degradarse más rápidamente.
2. Dejar luces y equipos eléctricos encendidos
Dejar los faros, las luces interiores u otros equipos eléctricos encendidos con el motor apagado puede agotar significativamente la batería. El problema se vuelve aún mayor cuando el vehículo permanece así durante varias horas.
La recomendación es sencilla: antes de bajar del coche, confirma que todas las luces y accesorios estén apagados.
3. Dejar el coche aparcado demasiado tiempo
Un coche parado también consume energía. Incluso cuando está apagado, el vehículo puede seguir alimentando los sistemas electrónicos, provocando que la propia batería sufra una descarga natural.
Por tanto, los periodos prolongados sin uso pueden reducir el estado de carga y acelerar el desgaste.
4. Ignorar el calor y las temperaturas extremas
El calor es especialmente agresivo para las baterías convencionales. Las altas temperaturas aceleran las reacciones químicas dentro de la batería y pueden aumentar la degradación de sus componentes.
Por ello se recomienda, siempre que sea posible, aparcar a la sombra o en un garaje para reducir la exposición a temperaturas extremas.
5. Ignore la corrosión en los terminales
Los terminales de la batería deben revisarse periódicamente. La acumulación de corrosión, suciedad o conexiones deficientes puede afectar el funcionamiento del sistema y contribuir a problemas eléctricos.

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